Un dimanche après-midi à l'Île de la Grande Jatte (1884-1886), Georges Pierre SeuratNo sé qué cuestión psicológica me hará sospechar que en esa tarde de domingo pintada durante dos años por Seurat hay mucha gente, pero que está totalmente desconectada. Como si fuera demasiados para poderse elegir, como si estuvieran esperando ridículamente la aparición de alguien mejor, amparados en lo numérico que les dicta que si hay más personas, hay que esperar más hasta decidir con quién relacionarse. Calculadores solos...