No tengo excusas para quererte, tengo el cuerpo, que arde en el fuego del deseo, fuego terrible, capaz de consumir hasta el deseo mismo, y si quedan cenizas, se las lleva el viento de Soutine.
Es entonces que Klimt fue de vacaciones al mar para encontrarse que Eros y Tánatos seguían juntos, pidiendo que los pinten, y que me des un abrazo así.