Los gladiolos de Soutine

Gladioli (ca. 1919), Chaïm Soutine
 1. Cada día que paso en Buenos Aires me convenzo más de que es un lugar en el que únicamente se puede sobrevivir bajo dos derrotas: la necesidad o el éxito económico. Apuleyo, aparentemente, habría dicho que la necesidad envilece a los dos extremos que sujeta como si fuera la soga de la que se sostiene un ahorcado en el cadalso. El éxito económico, así como están las cosas, bajo una lógica ajena al don, implica claramente haber perdido de antemano lo más profundo: la soberanía sagrada. 

2. Entre dos opciones trágicas, el éxito económico al menos ofrece a largo plazo una posibilidad nefasta de restitución de la soberanía bajo la forma de acceso casi irrestricto a los excesos, siempre considerando que se lo hace a costa de captarle a otros esa oportunidad, que financian con sus cuerpos. Mientras escribo estoy financiando el exceso usurario de otros.

Gladioli (ca. 1919, serie), Chaïm Soutine
3. Acá se hace claro que las muchedumbres son centros imparables de demolición. No hay edificio, por alto que sea, que esté exento de ser derrumbado mañana para construir uno más alto en su lugar. Mientras sea rentable, alguien lo está pensando ya. Es bastante psicótica la manera de transformar los materiales en dinero. No imagino esta lógica en otras épocas. O al menos no la imagino ejerciendo de brújula de manera tan explícita.

4. Los gladiolos que pintara Soutine, igual que gran parte de su obra, ponen en marcha sin decirlo un movimiento de escape esperanzado, como si invitaran al kairós, a ese momento sobresaliente de la línea del tiempo en el cual se debe actuar porque es el indicado para actuar de manera intensa, a diferencia de los demás que ofrecen vías apenas cotidianas. 

5. Atendiendo a la llamada del mejor de los relojes, termina la meditación del día. Soutine, infalible, retoma el "Anywhere, out of the world", que lanzara Baudelaire al mundo que se venía.

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