10

En el Adriàtico. La laguna de Venecia (1826), Richard Parkes Bonington

En el borde de toda la desolación posible, sobrevive un barquero, uno que sobre palos flotadores masacra peces (yo los dibujo en el margen de la hoja, y hasta adentro de la hoja y sueño con peces muertos). Toda nube es un campo de ejecicio de la proyección, siempre que se pueda llegar a ellas, siempre que se conserve control sobre el cuello que, ay, no recibe besos. En el agua se puede escapar. Allá voy.

9

Freundschaft (1912), Egon Schiele

No, no es para palabras. Cioran dijo "La música, sistema de adioses, evoca una física cuyo punto de partida no serían los átomos sino las lágrimas". Para ésa es.

8

Cauchemar, Louis Janmot

-Acá te traigo el amor- dijo Cauchemar (pesadilla).
-¡Noooooooooooooooooo!- fue la respuesta dada a un paso del abismo, corriendo directamente hacia el abismo.

7

Howard Pyle

No tengo excusas para quererte, tengo el cuerpo, que arde en el fuego del deseo, fuego terrible, capaz de consumir hasta el deseo mismo, y si quedan cenizas, se las lleva el viento de Soutine.

6

Le Boeuf écorché (1655), Rembrandt

¿Se nota que están afuera todas las tripas de mi animal interior? Cuando quiero hablar, se me atraganta un mugido; cuando quiero correr, las alas de murciélago quieren comer de noche; no me quiero morir.














Carcass of beef (1925), Chaïm Soutine

Dejá que pasen los siglos y me vas a tener haciendo lo mismo, pero con otra tecnología y una lista más larga de dioses muertos.















Figure with meat (1954), Francis Bacon

Soy un maniático entre las carnes. A veces no hablo porque podría resultar como la palabra del mejor amigo del asesino. Si "todo lo que yo diga puede ser usado en tu contra", y digo la verdad, estás en una malísima situación, y te quiero afuera de la cárcel para que tengas los barrotes más largos que la libertad te pueda poner en la puerta, como un bebé abandonado del que no podés evadirte.

5

Study for a Portrait - After the life mask of William Blake (1955), Francis Bacon

Nunca vamos a poder repetir un perfil en dos momentos en el tiempo, por definición diferentes. Yo no tengo el problema de Bacon, que se basa en testimonios ajenos sobre alguien que todavía no sabemos cómo pudo haber existido, yo pude tocarte varios costados. Esa imagen nítida en los dedos no me deja seguir escribiendo, para no aplastarte contra las teclas.

4

The Polish Rider (1655), Rembrandt

Ese cielo no existe, pero podría ser lo que el jinete cree estar viendo, es decir, lo que Rembrandt desearía que yo te dijera.

3

Chaïm Soutine

Es que el viento, cualquiera de ellos, palabras, engaños, escobas de recuerdos, o incluso la vajilla de esperanzas, puede llevarse hasta el color verde del cuadro de un amigo de Modigliani sin que podamos ofrecer una resistencia tangible, que cambie su rumbo significativamente. Una persona parada frente al viento lo único que gana es un puñado de turbulencia en su espalda, ya compensada un metro más atrás, imperceptible.

EDIT:
Soutine, llevado por el viento que se llevaba sus colores se convirtió en el viento. El ritmo de su creación crea tormentas en las que me veo envuelto, y a las que simbólicamente incorporo abrazándome a ellas mientras me mueven. Entonces la fusión: soy dueño porque soy parte de lo que puede destruirme.

2

Five Members of an Orchestra, Gaetano Bellei

La terrible actualidad hace posible que empecemos a imaginar las orquestas como trámites anticuados, llevados a cabo por burócratas de la muchedumbre estructurada, ahora que unas conexiones eléctricas posibilitan que una sola persona haga en su casa y sin mayores planes mucho más que la mejor de las formaciones del pasado. ¿Qué tan buena será tamaña apuesta por lo individual, si "lejos" conserva la "s" drástica al final?

1

The wedding breakfast (1862), George Elgar Hicks

El lado oscuro del corazón tiene más cerca al color de la muerte que al retrato cierto de los muertos. La diadema de las musas se embelesa con la fiesta, pero no es lo mismo el epígrafe que el final del poema, que para eso tenemos los poemas.

Para mí

Lady in Interior, Francisco Miralles

Me quedo con toda la empatía para mí, guardada en el ruido que hacen mis manos cuando me aplasto los dedos. Mi silla te da la espalda porque no quisiera verte en mi lugar.

Colaboraciones

Double bass, triple head (1995), Gil Mayers

¿Son tres nada más los que te tocan el cuerpo y le roban sonidos con los dedos? Pese a que te ofertes como materialización de la soledad, a veces parece que fueran tantos...

Dudas

Orphan cemetery (1824), Eugéne Delacroix

No sé ni por qué veo que se te parece ni si pondrías esa cara ante algo en el mundo.

Ahí están

Grape and melon eaters (1650), Bartolomé Esteban Murillo

Tengo dos nenes compartiendo comida adentro. Uno se alimenta de un recuerdo, el otro de no querer repetirlo. Juegan en los pies de mi nuca y se bañan del sudor cuando escapo corriendo a otra empresa imposible. Saltan y saltan de costilla en costilla. Se tiran piedras uno desde cada sien cuando me acomodo el pelo atrás de la oreja. Uno mataría al otro, pero, bonitos, se necesitan. El que te extraña llora ante el que te quiere matar y el que no quiere ir preso busca excusas ante el primero. Los mendigos comparten algo que hace que se entiendan.

Retratos

Famille de la laitière (1640), Louis Le Nain

Sigo atrás de la bestia, con toda mi familia de monstruos. Está la señora que me visita cuando el auto no está roto; está el señor que me presenta alcoholes y juega conmigo en los bares; está la parte de mi hermandad que siento, la femenina; está la parte de la hermandad que solamente consiste en simpáticos infantes que deambulan mirándome como locos, la masculina; ¡está mi perrito!. En algún lugar apareceré, si todo sale bien.

La orilla de tocarte

Paisaje con la caída de Ícaro (1554-55), Pieter Brueghel el Viejo

Ícaro se acercó demasiado a la verdad, dejemos eso de lado. Yo quiero sembrar sobre los surcos que fabriquemos con otra bestia, sobre los tajos que hagamos sobre una Tierra que no sangra, sobre la cama que no se ocupa. No hay viento que se lleve lo que no hay.

Pequeño manifiesto de la lejanía

Lakota Shirt Wearer, Frank Howell

Mi pueblo originario es una estufa a leña, apagada; mi almohada, la ceniza sobre la que apoyo la cabeza antes de que se desintegre. Tus plumas se acercan cuando se alejan, de otra forma, reinaría el misterio. Díganle crecer a lo que se les antoje, yo no sé vivir si no es de fantasías.

Desfasaje

Cow and Fiddle (1913), Kazimir Malevich

Pensaba que podrías sonar para mí, y gastarte la música en una noche, pero la verdad es que te despertaste demasiado lejos de donde yo dormí.

Tarde

Hera (1929), Francis Picabia

Tus cara tu caras ay. ¿Hasta cuándo estarás en ese lugar que desconozco? Sobre todo, eso... hasta cuándo. Entonces, hablando del tiempo, perdiendo las uñas en un ataque de nervios aplastando el pecho, viene el dilema: si la mato, tengo veinte, veinticinco años de cárcel, y si no la mato, no sé la cantidad. Prácticamente me arriesgaría.

Clap your hands say yeah

The clown (1907), Georges Rouault

Cualquiera de ustedes bien podría, sepan, destrozar mi tráquea de un aplauso mal dado. Baste con que festejen ciertas cosas, y todo mi cuello se vuelve una cascada. Creo que en ese momento podría ver el aire, justo cuando deja de estarse adentro mío. Que falte quien debería estar es algo que pone tembloroso al destino, ese viejo descuidado que ya no sabe a quién pedir que lo socorra.